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ORDEN DEL CULTO FAMILIAR


Domingo 09 de Mayo de 2021 - 6to Domino de Pascua

G: Guía / C: Congregación-Presentes / T: Todos

PALABRAS DE BIENVENIDA:

G: Las palabras de 1 Juan 5: 1-5 se hacen hoy presentes en este momento de meditación y reflexión familiar… escuchemos lo que dicen estos versículos. 1 Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios. Todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él. 2 En esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: en que amamos a Dios y obedecemos sus mandamientos. 3 Pues éste es el amor a Dios: que obedezcamos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son difíciles de cumplir. 4 Porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y ésta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. 5 ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
G: Queridos hermanos y hermanas, hoy nuestro Dios y Salvador nos da la bienvenida. Nos recibe con su presencia y quiere que estemos en comunión con Él. Cada vez que invocamos su nombre y cada vez que oramos por su presencia y auxilio, Él nos pregunta: “¿Cómo puedo ayudar?” simples palabras, pero muy poderosas, que nos demuestran un amor único de parte de nuestro Dios, quién desea y quiere servirnos para que podamos traer y descansar de todas nuestras preocupaciones de la semana. El amor de Dios se impregna en nuestras vidas cuando atendemos a esta pregunta “¿cómo puedo ayudar?” porque, Él cómo Dios, nos está ayudando todo el tiempo y todo el tiempo Él quiere ayudarnos. Por esta razón hoy queremos invocar su presencia para que podamos ser fortalecidos, restaurados y perdonados de todas nuestras faltas y miserias.

INVOCACIÓN

G: Iniciamos en el nombre del Padre, creador y dador de vida. En el nombre del Hijo que por su muerte y resurrección venció el poder de la muerte. Y en el nombre del Espíritu Santo, que nos guarda por la fe, hasta que alcancemos la resurrección de los muertos, la corona de la vida eterna. Amén.

HIMNO 158 – “CRISTO MI PILOTO SE”



1. Cristo, mi piloto sé
En el tempestuoso mar;
Fieras ondas mi bajel
Van a hacerlo zozobrar,
Mas si Ti conmigo vas
Pronto al puerto llegaré;
Carta y brújula hallo en Ti:
Cristo, mi piloto sé.

2. Todo agita el huracán
Con indómito furor,
Mas los vientos cesarán
Al mandato de tu voz;
Si Tú dices que haya paz,
Cederá sumiso el mar.
De las aguas, Tu, el Señor,
Cual piloto me guiarás.

3. Cuando al fin cercano esté
De la playa celestial,
Si el abismo ruge aún
Entre el puerto y mi bajel,
Quiero oír tu voz decir
En tu pecho al descansar:
“Tu piloto siempre soy,
Nada temas ya del mar”. Amén.

CONFESIÓN DE PECADOS

(Confesión de pecados tomada de: “Vinde, adoremos…” Liturgia Luterana. IELB. Concordia Editora Ltda.. Pto. Alegre, Br. 8° Edic. págs. 10-11. Traducida y adaptada. Pastor Damián Fischer)

G: Mis hermanos: cuanto más conocemos a Dios en su santa palabra, más conocemos también nuestra indignidad. Sabemos que el pecado está en nosotros, en nuestra naturaleza y en nuestra vida diaria, y el pecado nos aparta de Dios y trae consigo la muerte, como leemos: “Son las iniquidades de ustedes las que los separan de su Dios. Son estos pecados los que lo llevan a ocultar su rostro para no escuchar.” (Isaías 59.2). Por eso, sinceramente arrepentidos, confesemos nuestros pecados, como debemos hacerlo todos los días, confiando en esta promesa: “Quien encubre su pecado jamás prospera; quien lo confiesa y lo deja, halla perdón”. (Proverbios 28.13). P: "Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno." (Salmos 139.23-24)
G: Señor, reconozco que el pecado está en lo profundo de mi corazón y en todo mi ser. Muchas veces me dejé seducir por él.
P: Señor, reconozco mi naturaleza pecaminosa y mi culpa.
G: Con tristeza reconozco que cometí muchos pecados, los cuales tú conoces mejor que yo.
P: Entristecí tu Santo Espíritu, por lo que me avergüenzo y me aborrezco.
G: Confieso que pequé contra personas de mi familia y de mi entorno de relaciones.
P: Reconozco que soy responsable por todos esos pecados y ninguno de ellos puedo justificar.
G: Pequé, Señor, en mi orgullo y egoísmo, hiriendo a mi prójimo, a quien debería amar.
P: Me confieso culpable.
G: Confieso que me hice el distraído muchas veces, cuando debía condenar el pecado y las injusticias de este mundo, volviéndome cómplice de las obras de las tinieblas.
P:: En mi ignorancia y flaqueza, dejé de testimoniar de tus juicios y de tu justicia, Señor.

ANUNCIO DEL PERDÓN

G: Dios tiene una buena noticia para nosotros, que estamos arrepentidos y deseamos corregir nuestras vidas: Dios nos amó y mandó a su Hijo Jesucristo justamente porque somos pecadores. Su sufrimiento y muerte cubrieron todos nuestros pecados y pagaron nuestra culpa. Por la fe en él, recibimos el perdón y somos revestidos con su justicia. Por eso, en su nombre y con la autoridad de la palabra de Dios, les anuncio: La paz de Dios llene tu corazón. Tus pecados están perdonados, en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

HIMNO 88 – “SUBLIME GRACIA”



1. Sublime gracia del
Señor, que a un
pecador salvó;
Perdido andaba, él
me halló, su luz
me rescato.

2. Su gracia me
enseñó a vencer, mis
dudas disipó. ¡Que gozo
siento en mi ser! Mi vida
él cambio.

3. Peligros, lucha y
aflicción,
los he tenido aquí
Su gracia siempre me
libró, consuelo recibí.

4. Y cuando en Sión
por siglos mil brillando
esté cual sol,
Yo cantaré por siempre
allí a Cristo el Salvador.

SALMO 98: 1-9 – ANTIFONAL

G: ¡Cantemos al Señor un cántico nuevo por las proezas que ha realizado!
P: ¡Con su diestra, con su santo brazo, ha alcanzado la victoria!
G: El Señor ha dado a conocer su salvación;
P: ¡ha revelado su justicia ante todas las naciones!
G: Se ha acordado de su misericordia y su verdad en favor del pueblo de Israel;
P: ¡Todos los confines de la tierra son testigos de que nuestro Dios nos ha salvado!
G: ¡Canten alegres al Señor, habitantes de toda la tierra!
P: ¡Levanten la voz, aplaudan y canten salmos!
G: ¡Canten salmos al Señor al son del arpa!
P: ¡Al son del arpa eleven sus cantos!
G: ¡Vengan a la presencia del Señor, nuestro Rey,
P: y aclámenlo al son de trompetas y bocinas.
G: ¡Que brame el mar y su plenitud,
P: y el mundo y todos sus habitantes.
G: ¡Que aclamen al Señor los ríos,
P: y que todos los montes se regocijen.
G: El Señor viene a juzgar la tierra, y juzgará al mundo con justicia,
P: y a los pueblos con rectitud.

GLORIA PATRI (Himnario Cantad al Señor)



Gloria sea al Padre. Gloria sea al Hijo. Gloria sea al Espíritu, ahora y siempre. Amén

EL KIRIE (Himnario Cantad al Señor)



Señor, ten piedad de nosotros;
Señor, ten piedad de nosotros;
Señor, ten piedad, Señor ten piedad;
Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros;
Cristo, ten piedad de nosotros;
Cristo, ten piedad, Cristo, ten piedad,
Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros;
Señor, ten piedad de nosotros;
Señor, ten piedad, Señor ten piedad;
Señor, ten piedad de nosotros.

COLECTA

G: Oh Dios, de quien proceden todas las cosas buenas: Haz que por tu santa inspiración podamos pensar aquellas cosas que sean rectas, y por tu misericordiosa dirección podamos llevarlas a cabo, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén

LECTURA DE LA EPÍSTOLA: Hch. 10: 34-48

34 Entonces Pedro empezó a hablar, y dijo: «En verdad comprendo ahora que Dios no hace acepción de personas, 35 sino que a él le agrada todo aquel que le teme y hace justicia, sea de la nación que sea. 36 Dios envió un mensaje a los hijos de Israel, y en él les anunciaba las buenas noticias de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. 37 Ustedes bien saben que, después del bautismo que predicó Juan, este mensaje se divulgó por toda Judea, a partir de Galilea. 38 Ese mensaje dice que Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y con poder, y que él anduvo haciendo el bien y sanando a todos los que estaban oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él. 39 Nosotros somos testigos de todo lo que Jesús hizo en Judea y en Jerusalén. Pero lo mataron, colgándolo de un madero. 40 Sin embargo, Dios lo resucitó al tercer día, y permitió que muchos lo vieran. 41 Pero no lo vio todo el pueblo, sino sólo aquellos testigos que Dios había elegido de antemano, es decir, nosotros, los que comimos y bebimos con él después de que él resucitó de entre los muertos. 42 Él mismo nos mandó a predicar al pueblo, y a dar testimonio de que Dios lo ha nombrado Juez de los vivos y de los muertos. 43 Acerca de él dicen los profetas que todos los que crean en su nombre recibirán el perdón de sus pecados.» 44 Mientras Pedro les hablaba así, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que lo escuchaban. 45 Los judíos circuncidados que habían acompañado a Pedro estaban atónitos de que también los no judíos recibieran el don del Espíritu Santo, 46 pues los oían hablar en lenguas y magnificar a Dios. 47 Entonces Pedro dijo: «¿Hay algún impedimento para que no sean bautizadas en agua estas personas, que también han recibido el Espíritu Santo, como nosotros?» 48 Y mandó bautizarlos en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedara con ellos algunos días más.

HIMNO 195 – “ALMA BENDICE AL SEÑOR” (ESTR. 1 Y 5)



1. Alma, bendice al Señor,
rey potente de gloria;
De su mercedes esté viva
en ti la memoria.
¡Oh! despertad,
Arpa y salterio: entonad
Himnos de honor y victoria.

5. ¡Alma, bendice al Señor
y su amor infinito!
Con todo el pueblo de Dios
su alabanza repito.
¡Dios, mi salud,
De todo bien plenitud,
Seas por siempre bendito! Amén.

LECTURA DEL EVANGELIO: San Juan 15: 9-17.

9 Así como el Padre me ha amado, así también yo los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor. 10 Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor; así como yo he obedecido los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas les he hablado, para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea completo. 12 » Éste es mi mandamiento: Que se amen unos a otros, como yo los he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que éste, que es el poner su vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15 Ya no los llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; yo los he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, se las he dado a conocer a ustedes. 16 » Ustedes no me eligieron a mí. Más bien, yo los elegí a ustedes, y los he puesto para que vayan y lleven fruto, y su fruto permanezca; para que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se lo conceda. 17 Éste es mi mandamiento para ustedes: Que se amen unos a otros.

HIMNO 175 – “HAZ LO QUE QUIERAS”



1. Haz lo que quieras,
Señor, de mí;
Tu el alfarero,
yo el barro soy;
Dócil y humilde
anhelo ser;
Cúmplase siempre
en mí tu querer.

2.Haz lo que quieras,
Señor, de mí;
Mírame y prueba
mí corazón,
Lávame y quita
toda maldad
Para que pueda
contigo estar.

3. Haz lo que quieras, Señor, de mí;
Quita mis penas
y mi dolor;
Tuyo es, ¡Oh Cristo!,
todo poder:
Tu mano extiende,
y sanaré.

4.Haz lo que quieras, Señor, de mí;
Dueño absoluto
sé de mi ser;
Del paracleto
dame la unción,
Y el mundo a Cristo
pueda en mí ver. Amén.

MENSAJE

A cargo del Pastor Claudio Herber. Texto Bíblico: Juan 15:9 Titulo del mensaje: “Eslabones de una gran cadena de amor”.

HIMNO 82 – “A CRISTO PROCLAMAD”



1. A Cristo proclamad,
Triunfante Salvador;
Venció la muerte con poder;
Cantad al Redentor.
Jesús resucitó,
Su triunfo pregonad
Y la grandeza de su amor
Al mundo publicad.

2. Al Salvador Jesús
Con gozo dad loor;
Al rey de reyes aclamad,
Altísimo Señor;
Es digno solo Él
De gloria sin igual,
Pues con su sangre nos abrió
Precioso manantial.

3. Cristo, profeta y rey,
Señor y mediador,
Subió al cielo con poder,
Triunfante Redentor.
Gozando hoy su grey
De plena libertad,
Ensalce el nombre de Jesús
Y alabe su bondad. Amén.

ORACIÓN GENERAL

TODOPODEROSO y sempiterno Dios, Creador nuestro, que has cuidado de nosotros todos los días de nuestra vida, te has revelado a nosotros, nos has llamado por tu Evangelio a la esperanza y a la fe en Cristo Jesús, y nos has congregado una vez más para rendir culto a tu nombre: Acepta, te suplicamos, nuestras gracias por todas tus misericordias, las cuales no merecemos, y ayúdanos con tu Espíritu Santo a rendirte honor y gloria como es digno de hijos obedientes y agradecidos. Bondadosamente conduce al arrepentimiento a los que están aún bajo la esclavitud del pecado. Si alguno se ha apartado de Ti, misericordiosamente reintégralos a tu redil para que no perezcan en su incredulidad. Y así como hemos gozado de tus bendiciones en los días pasados, permite que tu misericordia sea con nosotros siempre. Padre santo, guarda, por amor de tu nombre, a los que Tú has escogido en Cristo Jesús. Santifícales en tu verdad y perfecciónales en la bendita esperanza de la segunda venida de su Señor, para que sean admitidos en tu reino. Bendice la labor de tus siervos en nuestro país y en el extranjero, de modo que con el poder de tu Palabra sean removidas de tu iglesia la incredulidad, la herejía y la superstición. Mueve los corazones y las mentes de tus hijos para que sean más firmes en la fe, más fervorosos en la consagración y más perseverantes en el esfuerzo de extender tu iglesia y de rescatar las almas. Revive en ellos, por el poder de tu Espíritu Santo, el fuego de la devoción, de modo que los hombres contemplen tu gloria y los pecadores se conviertan a Ti. Haz que los padres reconozcan sus responsabilidades para con los hijos que han consagrado a Ti en el Santo Bautismo, de modo que la juventud se eduque en el vivir honesto y útil, y confiese y honre la doctrina de su Redentor. Suprime toda mala influencia que pueda perturbar el orden y la paz de la sociedad, y no permitas que ningún hombre perverso persiga tus instituciones. Preserva todas las naciones de guerra y violencia. Concede gracia a todos los que están en autoridad para que obedezcan tu Palabra, defiendan la justicia, promuevan el bienestar de la comunidad y la protejan de la maldad y el crimen. Bendice toda ocupación licita, de modo que el obrero reciba la justa paga por su trabajo y al pobre no le falte el pan de cada día. Haz que todos los hombres reconozcan que dependen de Ti y que sólo en Ti pueden hallar la salvación. Envía tu ayuda celestial a todos los países, pueblos y ciudades azotadas por la aflicción, y torna sus adversidades en bien espiritual y eterno. No permitas que tu ira caiga sobre nosotros como merecemos por nuestros pecados. Perdona nuestras iniquidades, sana nuestras almas y concédenos que participemos de los goces de la vida eterna: por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos, amén.

HIMNO 226 – “No habré de gloriarme”



1. No habré de gloriarme jamás,
¡Oh Dios mío!, de aquellos deberes
que un día cumplí; mi gloria era vana;
Tan sólo confío en Cristo
y su sangre vertida por mí.

2. Por fe conociendo su amor que redime,
Hoy llamo tinieblas lo que antes mi luz;
mi propia justicia se torna en oprobio,
y pongo mis glorias al pie de la cruz.

3. Sí, todo lo estimo cual pérdida vana,
Y acepto las obras del buen Salvador;
¡Oh, pueda anidarse mi alma en su seno,
Vivir de su vida, gozar de su amor!

4. Por más que a tus leyes viviera sumiso,
No pude, Dios mío, llegar hasta Ti;
Mas sé que tu gracia la fe me habilita,
Si alego las obras de tu hijo por mí.

BENDICIÓN y ENVIÓ

G: Que el Señor te acompañe en este día. / Que vaya delante tuyo para iluminar tu camino. / Que camine a tu lado para ser siempre tu amigo. / Que vaya detrás de ti para protegerte de cualquier daño. / Que sus brazos cariñosos estén debajo tuyo para sostenerte cuando el camino sea duro y estés muy cansado. / Que esté sobre ti para cuidarte y cuidar a todos los que amas. / Y, sobre todo, que viva dentro de tu corazón, para darte su alegría y su paz para siempre. Amén.

Para la ofrenda:

Puede juntar su ofrenda, guardarla en un sobre y en el próximo culto hacer la entrega de ella.

Para realizar ofrenda mediante transferencia bancaria puede hacerlo a la siguiente cuenta:

Cuenta Número: 5155-511345/8
CUIL/CUIT: 27-06071775-9
CBU: 0140051903515551134584
CBU ALIAS: MANI.LOBO.ALPACA

Puede comunicarse con el tesorero: Sr. Gabriel Castillo gabcastillo@ymail.com



El Tamborilero:

Canción interpretada por el coro de nuestra congregación.





¿Quiénes Somos?

La iglesia cristiana es la totalidad de aquellas personas que creen en Cristo como su único Salvador. La iglesia está presente donde la Palabra de Dios es predicada y los sacramentos son administrados.

La Iglesia Evangélica Luterana Argentina, congregación “San Pedro” de Villa Ballester, es fruto de la continua acción del Espíritu Santo, quien obra a través de la Palabra y los Sacramentos.

El nombre “luterano” viene del Dr. Martín Lutero, reformador de la iglesia en el siglo XVI. Ansioso de tener paz con Dios, no encontró respuesta en las enseñanzas de la iglesia de aquel entonces. Estudió en profundidad la Biblia y se doctoró en Teología. Mediante la porción bíblica de Romanos 1.17: “El justo vivirá por la fe”, Dios le concedió la gracia de ver que la salvación no es obra del hombre, sino de Dios, realizado por Jesucristo y entregada por pura gracia a todos los que creen. En la predicación de esta verdad, y atacando los abusos de la iglesia dominante, Lutero se enfrentó a los líderes eclesiásticos y fue excomulgado. Su intención no fue la de crear una nueva iglesia, sino reformar aquella que se había desviado de la verdad. Somos herederos de esta reforma y continuamos firmes en los principios del reformador: “Solamente la Escritura, solamente la gracia, solamente la fe, solamente Cristo”.

¡Sea usted muy bienvenido!'


Creemos, enseñamos y confesamos

Compartimos las convicciones básicas que guían la vida y el accionar de nuestra iglesia. No son todas las enseñanzas de la Biblia sino aquellas que han determinado la vida, el testimonio y la acción de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina. Nuestros escritos confesionales comienzan cada artículo de fe con la siguiente formulación: “Creemos, enseñamos y confesamos…” Hemos podido escribir y mantener esta fórmula en el tiempo porque antes ocurrió un evento maravilloso: Dios llegó hasta nosotros, a nuestra condición y situación. Es a partir de este encuentro que creemos, que estamos capacitados para enseñar y enviados para confesar.

Creados por Dios



Nuestro Dios

¿Quién es este Dios que llegó hasta nosotros? Se llama de muchas maneras porque un nombre solo no alcanza para hacer justicia a su grandeza, a su gloria, a su poder. Se presentó diciendo “Yo soy el que soy” (Éxodo 3.14), es decir, Dios es el que existe por sí mismo, el que está presente para actuar como lo ha estado siempre. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos; es eterno, no fue creado por nadie, por lo tanto su señorío es sobre todo. Este único Dios se revela en el misterio de la Trinidad (tres en uno). En él hay tres “personas”: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. (Mateo 28.19; 2 Corintios 13.13). Por una parte, son tres personas distintas; pero no tienen tres vidas, tres voluntades o tres iniciativas, sino una sola, porque están perfectamente unidas en una sola esencia, en una sola realidad: la que llamamos Dios.

Creados por Dios

Creados por Dios

Este Dios no quiso ser la única realidad y por eso, desde un principio, creó todo cuanto hay y existe. Lo hizo a partir de la nada: los astros del universo, nuestro mundo, los animales, las plantas, el ser humano, ¡nosotros! Todo esto da cuenta de un Dios todopoderoso, sumamente sabio e imaginativo. También da cuenta de un Dios amoroso en que fuimos lo más relevante de su actividad creadora: nos puso para que administremos su creación, nos hizo santos y justos como es él, y nos creó con la capacidad de amar que él tiene. Nos creó como sus amigos para que en respuesta lo amemos, le sirvamos y hagamos lo mismo con nuestros semejantes.

Creados por Dios

Una ruptura dolorosa

El hombre que disfrutaba de una plena comunión con su Creador, engañado por el diablo -enemigo de Dios y de todo lo bueno-, decidió cortar su amistad con Dios, y en lugar de amarlo y servirle, tomó la decisión de servirse a sí mismo. El hombre dejó de confiar en Dios, dejó de obedecerle , transgredió sus disposiciones, cayó en pecado y se echó encima la culpa y la condenación. En conclusión: “Dios hizo perfecto al hombre, pero éste se ha complicado la vida” (Eclesiastés 7.29), hasta el extremo de la muerte como consecuencia nefasta del pecado. Podemos apreciar que a partir del pecado el hombre cambió sustancialmente. Cambió para mal. Lo bueno es que en Dios no hubo cambio alguno.

Creados por Dios

Mandamientos Justos

La ley de Dios que es justa y santa, que fue dada para nuestro bienestar y felicidad, por causa de nuestro pecado se convirtió en un peso agobiante para todos. La ley de Dios exige espíritu, pensamientos, palabras y acciones perfectas, y somos conscientes de que estamos muy lejos de ello. Todavía más, la ley condena a todos aquellos que la transgreden en lo más mínimo. Esta condena no es liviana sino que Dios mismo dice que “Todo el que peque (transgreda la ley), merece la muerte” (Ezequiel 18.20). La muerte a la que aquí se hace referencia es la separación total del ser humano de Dios y de todas sus bendiciones, lo opuesto a la vida verdadera, una realidad que se conoce con el nombre de infierno.

Creados por Dios

Dios nos salva

En una situación tan desesperante en la que el ser humano se internó por causa de su falta de amor hacia Dios, de su infidelidad, de su desobediencia; es un verdadero bálsamo leer estas palabras que Dios nos trae: “Yo vivo en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con el quebrantado y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57.15). Dios no nos dejó abandonados. Aunque lo merecíamos, no quiso que terminemos en el infierno, sino que él mismo nos salvó de terminar en este lugar desesperante y nos salvó de vivir dominados por el pecado. Para lograr nuestra salvación Dios se hizo hombre. La historia que está en el recuadro nos ayudará a entender por qué esto fue necesario. Aprecien esta decisión, esta vocación por el otro, por el desvalido. Tomen nota de esta humillación: el creador se hace una de sus criaturas. Sin dejar de ser Dios deja a un lado todo lo que le corresponde por ser Dios y nace de la virgen María siendo hombre, un ser humano como nosotros. Su nombre es Jesucristo, Dios entrando en nuestro mundo, en nuestra condición arruinada, para acompañarnos y ayudarnos.

  • Nos ayudó cumpliendo de manera perfecta todas las exigencias de la ley. En él no había ni hay pecado. Lo que no podíamos hacer, él lo hizo por nosotros para que la ley deje de ser un peso agobiante. Por esto, no necesitamos cumplir la ley para estar en relación con nuestro Dios. Ahora queremos cumplirla en respuesta a la salvación, a la nueva vida que nos regaló.
  • Arriba leímos que “todo el que peque, merece la muerte”. Cristo nos ayudó cargando con el castigo de nuestros pecados, sufriendo y muriendo en la cruz por nosotros. Apreciemos esta decisión: Dios estaba ocupando el lugar de aquellos que lo habían despreciado, que lo habían dejado de amar y le habías desobedecido. Como dice la Biblia: “Cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros… Cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la sangre de Cristo (Romanos 5.8, 10).

La ayuda de Cristo significó nuestra salvación. Por eso reconocemos, adoramos y confesamos a Cristo como nuestro único, suficiente y entero Salvador.


Amor Inmerecido

El motivo por el que Dios nos trató de esta manera no está en nosotros sino en él. La razón por la que Dios nos trató con tanta bondad es aquello que conocemos con la palabra gracia. Aquí se pone de manifiesto el amor de Dios por la humanidad. Cuando lo lógico hubiera sido darle al ser humano su merecido, Dios se hace hombre para asumir nuestra culpa y sufrir el castigo que merecíamos. Cuando lo lógico hubiese sido que pague el responsable de las malas acciones, Dios, sin poner ninguna condición, le ofrece al hombre desligarlo de las consecuencias de sus acciones. “Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó” (Tito 3.4-5). “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Juan 3.17).

Creados por Dios

Libres de Culpa

Por esta obra de Cristo Dios declaró a la humanidad libre de la culpa del pecado. Este acto es conocido con el término justificación. Es una declaración legal del perdón de los pecados, fruto de la única y exclusiva obra de Cristo regalada como obra acabada y perfecta a cada persona. “En Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres” (2 Corintios 5.19). El perdón que se ofrece en esta declaración divina se torna de la persona mediante la fe en la obra de Cristo. Esta fe es regalo y obra de Dios en nosotros, y es el medio para apropiarnos todo aquello que Dios ha conseguido para nuestra salvación y nuestra vida en unión con él. Así podemos estar seguros que cuando él nos dice “no te echo la culpa por tus pecados, ya se la eché a Cristo”; no nos está hablando de una expresión de deseo sino de algo que en realidad ocurre.


Buena Nueva

Esta es la buena noticia o evangelio que Dios tiene para toda la humanidad. El evangelio es la proclamación de la misericordia y la bondad de Dios encarnada en la persona de Cristo y su obra, para que tengamos el perdón de los pecados y nuestra vida en unión con Dios. Es una buena noticia porque se ha levantado lo que pesaba sobre nosotros. Es una buena noticia porque no se nos pidió lo imposible sino que Dios hizo lo “humanamente alocado” para que tengamos la salvación totalmente gratuita, sin condicionamientos. Merecíamos la muerte; Cristo eligió morir para que nosotros tengamos vida eterna. Merecíamos el infierno; Cristo lo padeció para que hoy tengamos el regalo del cielo. Merecíamos ser declarados culpables; Dios declaró culpable a Jesús para que nosotros escuchemos y leamos una y otra vez “Estás perdonado”.

Creados por Dios

La familia de Dios

Aquellos que creen este evangelio son incorporados por Dios en su iglesia. La persona no se beneficia con el perdón para luego seguir su camino, sino que ahora vive para Dios y es incorporada en su pueblo para que crezca en la fe y sea de bendición para el mundo. La iglesia es una comunidad de personas llamadas por Dios a una relación viva con él (vida de fe) mediante la Palabra y los Sacramentos. A través de estos medios Dios le dice a esta comunidad quién es él, lo que ha hecho y posee, y lo que ha hecho por ella a través de Jesucristo. Así, todos so afirmados en la seguridad de la salvación, perdonados cuando pecan, edificados y capacitados. Están listos para ser enviados por Dios como su pueblo en cualquier cosa que hagan, de forma tal que siempre reflejen al Cristo que vino a servir y salvar al ser humano perdido.

Creados por Dios

La Tarea de la Iglesia

Por esta obra de Cristo Dios declaró a la humanidad libre de la culpa del pecado. Este acto es conocido con el término justificación. Es una declaración legal del perdón de los pecados, fruto de la única y exclusiva obra de Cristo regalada como obra acabada y perfecta a cada persona. “En Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres” (2 Corintios 5.19). El perdón que se ofrece en esta declaración divina se torna de la persona mediante la fe en la obra de Cristo. Esta fe es regalo y obra de Dios en nosotros, y es el medio para apropiarnos todo aquello que Dios ha conseguido para nuestra salvación y nuestra vida en unión con él. Así podemos estar seguros que cuando él nos dice “no te echo la culpa por tus pecados, ya se la eché a Cristo”; no nos está hablando de una expresión de deseo sino de algo que en realidad ocurre.

Creados por Dios

El Evangelio Visible

Este evangelio de Dios está disponible también en forma “visible”, es decir, ligado a elementos visibles y tangibles. Se trata de los sacramentos del bautismo y la Santa Cena o eucaristía. Estos sacramentos son actos sagrados ordenados por Dios y por medio de los cuales también trata con nosotros. Enseñamos que el bautismo es el evangelio de Dios en unión con el agua. No es un acto en el que el hombre se compromete con Dios, sino que es un pacto que Dios establece con nosotros, por el cual somos adoptados como sus hijos. El bautismo es un medio de salvación (1 Pedro 3.21). “Somos bautizados para perdón de los pecados” (Hechos 2.38). En el bautismo quedamos ligados a Cristo y a lo que logró para nosotros (Gálatas 3.27), como también al Espíritu Santo (Hechos 2.38). Por el bautismo somos incorporados en el cuerpo de Cristo, la iglesia (1 Corintios 12.13). La Cena del Señor es una comida especial en la cual el cuerpo y la sangra de Cristo están verdaderamente presentes en, con y bajo el pan y el vino; y son distribuidos para el perdón de los pecados y la fortaleza de la fe. En la Santa Cena estamos recibiendo el cuerpo y la sangre de Cristo como un sello, una garantía del perdón de los pecados que él nos promete. Justamente estamos recibiendo aquello con lo cual él ganó este tesoro para nosotros. A raíz de esto, enseñamos que la Cena del Señor es para aquellos que se reconocen pecadores y, por lo tanto, necesitan de este evangelio puro. El participar de esta comida especial pone de manifiesto nuestra comunión con los demás miembros de la iglesia, ya que todos participamos, comulgamos de lo mismo. A su vez, esta comunión se fortalece.

Santa Cena
Bautismo

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La carta de Dios

¿Cómo hemos llegado a conocer todo esto que hemos visto hasta aquí? La respuesta es simple y maravillosa a la vez: Dios se dio a conocer y se comunicó con el hombre de manera que éste pudiera entender. Lo hizo a través de su Palabra (la Biblia) y de los sacramentos (el Bautismo y la Santa Cena). La Biblia es la palabra escrita de Dios para el hombre. Por medio de su Palabra, Dios se presenta al hombre para revelarle su juicio sobre el pecado, pero también su gracia y amor. Se presenta mediante su Palabra para producir la fe en Jesucristo. Así es este vehículo que conocemos con el nombre de “La Biblia”: un libro con un poder y propósitos singulares. La Biblia es la palabra de Dios escrita por hombres inspirados por él. La inspiración fue un milagroso proceso mediante el cual el Espíritu Santo “incitó” y “dirigió” a los escritores de los libros de la Biblia. Esta inspiración no desechó ni la personalidad ni la capacidad y conocimiento de los escritores humanos. Las dos caras de esta Palabra de Dios son la ley y el evangelio. Ambos son Palabra de Dios y deben enseñarse durante todos los tiempos; pero a la vez son fundamentalmente diferentes:

  • La ley nos muestra lo que debemos hacer. Se centra en nuestras obras. Requiere obediencia perfecta. Nunca perdona sino que condena.
  • El evangelio nos muestra lo que Dios hizo y hace por nosotros en Cristo. Se centra en la obra de Dios. No demanda nada, sino que ofrece la gracia de Dios. Perdona, redime, justifica y da la paz y vida eterna.

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Una vida Saludable

De esta manera Dios inunda nuestras vidas con su misericordia y perdón. Esto hace de nosotros siempre nuevas criaturas, capacitadas para servir, para abundar en buenas acciones, para beneficiar a nuestro prójimo, para hacer discípulos, para vivir una vida santa, de lucha contra el pecado. Esta vida de santificación siempre es fruto y consecuencia de la fe. Es la transformación de la vida de aquellos que entran en relación con Dios: el corazón es renovado y ya no es enemigo de Dios. Ya no obedece voluntariamente a las malas inclinaciones de su naturaleza sino que lucha por dominarlas; es movido al arrepentimiento y es colmado con el perdón. Este cambio de corazón se manifiesta en una vida de servicio a Dios y al prójimo. No servimos a Dios para ganarnos su amistad, sino para demostrarle nuestra gratitud. Martín Lutero escribió: “Esto sucede cuando obedezco los mandamientos de la ley voluntariamente, no por obligación ni para ganarme el cielo con eso; cuando actúo movido solamente por la fe, la cual me basta para ser salvo y bienaventurado. Y aunque la ley no me mandara, igual haría con alegría y de buena gana las obras que ella manda hacer”.

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Resurrección y Vida Eterna

Mientras tanto, como iglesia esperamos el día en que nuestro Señor Jesucristo regrese en gloria. Ese día, todos los muertos volverán a la vida, resucitarán, y todas las personas serán juzgadas. Al confrontar a los cristianos, Jesús hará una declaración pública de una relación que existió con él en esta vida (Romanos 8.1). Por esa relación de fe en él podemos enfrentar el juicio de Dios con tranquilidad, ya que nuestros pecados fueron perdonados. Cristo vendrá no como juez sino como nuestro amigo íntimo. “Cristo ha sido ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados del muchos. Después aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan” (Hebreos 9.28). A los que no le pidieron perdón a Dios les aguarda el infierno, el sufrimiento eterno y la desvinculación definitiva de Dios y de sus bendiciones. Nuestro cuerpo resucitado (o transformado, si aún vivimos cuando Jesús regrese) será en alguna forma similar a nuestro cuerpo actual, pero adaptado para el mundo eterno. Nuestros cuerpos serán incorruptibles, libres de toda huella y consecuencias del pecado. Así viviremos para siempre en la presencia de Dios, disfrutando del cielo que ya nos regaló. A él sea la gloria.


5 minutos con Jesús


Viernes 07 de Mayo



Jueves 06 de Mayo



Miércoles 05 de Mayo



Martes 04 de Mayo



Lunes 03 de Mayo



Lecturas



DOMINGO 25 DE ABRIL
Hechos 4:1–12
Salmo 23
1 Juan 3:16–24
Juan 10:11–18



DOMINGO 02 DE MAYO
Hechos 8:26–40
Salmo 150
1 Juan 4:1–11 (12–21)
San Juan 15:1–8



DOMINGO 09 DE MAYO
Hechos 10:34–48
Salmo 98
1 Juan 5:1–8
San Juan 15:9–17



JUEVES 13 DE MAYO
Hechos 1:1–11
Salmo 47
Efesios 1:15–23
San Lucas 24:44–53



DOMINGO 16 DE MAYO
Hechos 1:12–26
Salmo 1
1 Juan 5:9–15
San Juan 17:11b–19



DOMINGO 23 DE MAYO
Ezequiel 37:1–14
Salmo 139:1–12 (13–16)
Hechos 2:1–21
San Juan 15:26–27; 16:4b–15


Agenda




DOMINGO 25 DE ABRIL
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DOMINGO 02 DE MAYO
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DOMINGO 09 DE MAYO
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