La Iglesia Evangélica Luterana Argentina, congregación “San Pedro” de Villa Ballester, es fruto de la continua acción del Espíritu Santo, quien obra a través de la Palabra y los Sacramentos.
El nombre “luterano” viene del Dr. Martín Lutero, reformador de la iglesia en el siglo XVI. Ansioso de tener paz con Dios, no encontró respuesta en las enseñanzas de la iglesia de aquel entonces. Estudió en profundidad la Biblia y se doctoró en Teología. Mediante la porción bíblica de Romanos 1.17: “El justo vivirá por la fe”, Dios le concedió la gracia de ver que la salvación no es obra del hombre, sino de Dios, realizado por Jesucristo y entregada por pura gracia a todos los que creen. En la predicación de esta verdad, y atacando los abusos de la iglesia dominante, Lutero se enfrentó a los líderes eclesiásticos y fue excomulgado. Su intención no fue la de crear una nueva iglesia, sino reformar aquella que se había desviado de la verdad. Somos herederos de esta reforma y continuamos firmes en los principios del reformador: “Solamente la Escritura, solamente la gracia, solamente la fe, solamente Cristo”.

¡Sea usted muy bienvenido!'

Coro de la Congregación

Pon tus ojos en Cristo

Junio 2021

El coro de la congregación nos presenta este himno

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Domingo 20, 10:00 hs

Culto Domingo 20 de Junio

Transmisión en Vivo por Youtube: 10 hs.

En vivo en nuestro canal

5 minutos con Jesús

Viernes 18 de Junio



Jueves 17 de Junio



Miércoles 16 de Junio



Martes 15 de Junio



Lunes 14 de Juio



* Audios para cada día


¿Quiénes Somos?

La iglesia cristiana es la totalidad de aquellas personas que creen en Cristo como su único Salvador. La iglesia está presente donde la Palabra de Dios es predicada y los sacramentos son administrados.

La Iglesia Evangélica Luterana Argentina, congregación “San Pedro” de Villa Ballester, es fruto de la continua acción del Espíritu Santo, quien obra a través de la Palabra y los Sacramentos.

El nombre “luterano” viene del Dr. Martín Lutero, reformador de la iglesia en el siglo XVI. Ansioso de tener paz con Dios, no encontró respuesta en las enseñanzas de la iglesia de aquel entonces. Estudió en profundidad la Biblia y se doctoró en Teología. Mediante la porción bíblica de Romanos 1.17: “El justo vivirá por la fe”, Dios le concedió la gracia de ver que la salvación no es obra del hombre, sino de Dios, realizado por Jesucristo y entregada por pura gracia a todos los que creen. En la predicación de esta verdad, y atacando los abusos de la iglesia dominante, Lutero se enfrentó a los líderes eclesiásticos y fue excomulgado. Su intención no fue la de crear una nueva iglesia, sino reformar aquella que se había desviado de la verdad. Somos herederos de esta reforma y continuamos firmes en los principios del reformador: “Solamente la Escritura, solamente la gracia, solamente la fe, solamente Cristo”.

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Creemos, enseñamos y confesamos

Compartimos las convicciones básicas que guían la vida y el accionar de nuestra iglesia. No son todas las enseñanzas de la Biblia sino aquellas que han determinado la vida, el testimonio y la acción de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina. Nuestros escritos confesionales comienzan cada artículo de fe con la siguiente formulación: “Creemos, enseñamos y confesamos…” Hemos podido escribir y mantener esta fórmula en el tiempo porque antes ocurrió un evento maravilloso: Dios llegó hasta nosotros, a nuestra condición y situación. Es a partir de este encuentro que creemos, que estamos capacitados para enseñar y enviados para confesar.


Nuestro Dios

¿Quién es este Dios que llegó hasta nosotros? Se llama de muchas maneras porque un nombre solo no alcanza para hacer justicia a su grandeza, a su gloria, a su poder. Se presentó diciendo “Yo soy el que soy” (Éxodo 3.14), es decir, Dios es el que existe por sí mismo, el que está presente para actuar como lo ha estado siempre. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos; es eterno, no fue creado por nadie, por lo tanto su señorío es sobre todo. Este único Dios se revela en el misterio de la Trinidad (tres en uno). En él hay tres “personas”: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. (Mateo 28.19; 2 Corintios 13.13). Por una parte, son tres personas distintas; pero no tienen tres vidas, tres voluntades o tres iniciativas, sino una sola, porque están perfectamente unidas en una sola esencia, en una sola realidad: la que llamamos Dios.


Creados por Dios

Este Dios no quiso ser la única realidad y por eso, desde un principio, creó todo cuanto hay y existe. Lo hizo a partir de la nada: los astros del universo, nuestro mundo, los animales, las plantas, el ser humano, ¡nosotros! Todo esto da cuenta de un Dios todopoderoso, sumamente sabio e imaginativo. También da cuenta de un Dios amoroso en que fuimos lo más relevante de su actividad creadora: nos puso para que administremos su creación, nos hizo santos y justos como es él, y nos creó con la capacidad de amar que él tiene. Nos creó como sus amigos para que en respuesta lo amemos, le sirvamos y hagamos lo mismo con nuestros semejantes.


Una ruptura dolorosa

El hombre que disfrutaba de una plena comunión con su Creador, engañado por el diablo -enemigo de Dios y de todo lo bueno-, decidió cortar su amistad con Dios, y en lugar de amarlo y servirle, tomó la decisión de servirse a sí mismo. El hombre dejó de confiar en Dios, dejó de obedecerle , transgredió sus disposiciones, cayó en pecado y se echó encima la culpa y la condenación. En conclusión: “Dios hizo perfecto al hombre, pero éste se ha complicado la vida” (Eclesiastés 7.29), hasta el extremo de la muerte como consecuencia nefasta del pecado. Podemos apreciar que a partir del pecado el hombre cambió sustancialmente. Cambió para mal. Lo bueno es que en Dios no hubo cambio alguno.


Mandamientos Justos

Creados por Dios

La ley de Dios que es justa y santa, que fue dada para nuestro bienestar y felicidad, por causa de nuestro pecado se convirtió en un peso agobiante para todos. La ley de Dios exige espíritu, pensamientos, palabras y acciones perfectas, y somos conscientes de que estamos muy lejos de ello. Todavía más, la ley condena a todos aquellos que la transgreden en lo más mínimo. Esta condena no es liviana sino que Dios mismo dice que “Todo el que peque (transgreda la ley), merece la muerte” (Ezequiel 18.20). La muerte a la que aquí se hace referencia es la separación total del ser humano de Dios y de todas sus bendiciones, lo opuesto a la vida verdadera, una realidad que se conoce con el nombre de infierno.


Dios nos salva

En una situación tan desesperante en la que el ser humano se internó por causa de su falta de amor hacia Dios, de su infidelidad, de su desobediencia; es un verdadero bálsamo leer estas palabras que Dios nos trae: “Yo vivo en un lugar alto y sagrado, pero también estoy con el quebrantado y humilde de espíritu, para reanimar el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57.15). Dios no nos dejó abandonados. Aunque lo merecíamos, no quiso que terminemos en el infierno, sino que él mismo nos salvó de terminar en este lugar desesperante y nos salvó de vivir dominados por el pecado. Para lograr nuestra salvación Dios se hizo hombre. La historia que está en el recuadro nos ayudará a entender por qué esto fue necesario. Aprecien esta decisión, esta vocación por el otro, por el desvalido. Tomen nota de esta humillación: el creador se hace una de sus criaturas. Sin dejar de ser Dios deja a un lado todo lo que le corresponde por ser Dios y nace de la virgen María siendo hombre, un ser humano como nosotros. Su nombre es Jesucristo, Dios entrando en nuestro mundo, en nuestra condición arruinada, para acompañarnos y ayudarnos.

  • Nos ayudó cumpliendo de manera perfecta todas las exigencias de la ley. En él no había ni hay pecado. Lo que no podíamos hacer, él lo hizo por nosotros para que la ley deje de ser un peso agobiante. Por esto, no necesitamos cumplir la ley para estar en relación con nuestro Dios. Ahora queremos cumplirla en respuesta a la salvación, a la nueva vida que nos regaló.
  • Arriba leímos que “todo el que peque, merece la muerte”. Cristo nos ayudó cargando con el castigo de nuestros pecados, sufriendo y muriendo en la cruz por nosotros. Apreciemos esta decisión: Dios estaba ocupando el lugar de aquellos que lo habían despreciado, que lo habían dejado de amar y le habías desobedecido. Como dice la Biblia: “Cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros… Cuando todavía éramos sus enemigos, nos reconcilió consigo mismo mediante la sangre de Cristo (Romanos 5.8, 10).
La ayuda de Cristo significó nuestra salvación. Por eso reconocemos, adoramos y confesamos a Cristo como nuestro único, suficiente y entero Salvador.

Amor Inmerecido

Creados por Dios

El motivo por el que Dios nos trató de esta manera no está en nosotros sino en él. La razón por la que Dios nos trató con tanta bondad es aquello que conocemos con la palabra gracia. Aquí se pone de manifiesto el amor de Dios por la humanidad. Cuando lo lógico hubiera sido darle al ser humano su merecido, Dios se hace hombre para asumir nuestra culpa y sufrir el castigo que merecíamos. Cuando lo lógico hubiese sido que pague el responsable de las malas acciones, Dios, sin poner ninguna condición, le ofrece al hombre desligarlo de las consecuencias de sus acciones. “Dios nuestro Salvador mostró su bondad y su amor por la humanidad, y, sin que nosotros hubiéramos hecho nada bueno, por pura misericordia nos salvó” (Tito 3.4-5). “Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él” (Juan 3.17).


Libres de Culpa

Por esta obra de Cristo Dios declaró a la humanidad libre de la culpa del pecado. Este acto es conocido con el término justificación. Es una declaración legal del perdón de los pecados, fruto de la única y exclusiva obra de Cristo regalada como obra acabada y perfecta a cada persona. “En Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres” (2 Corintios 5.19). El perdón que se ofrece en esta declaración divina se torna de la persona mediante la fe en la obra de Cristo. Esta fe es regalo y obra de Dios en nosotros, y es el medio para apropiarnos todo aquello que Dios ha conseguido para nuestra salvación y nuestra vida en unión con él. Así podemos estar seguros que cuando él nos dice “no te echo la culpa por tus pecados, ya se la eché a Cristo”; no nos está hablando de una expresión de deseo sino de algo que en realidad ocurre.


Buena nueva

Esta es la buena noticia o evangelio que Dios tiene para toda la humanidad. El evangelio es la proclamación de la misericordia y la bondad de Dios encarnada en la persona de Cristo y su obra, para que tengamos el perdón de los pecados y nuestra vida en unión con Dios. Es una buena noticia porque se ha levantado lo que pesaba sobre nosotros. Es una buena noticia porque no se nos pidió lo imposible sino que Dios hizo lo “humanamente alocado” para que tengamos la salvación totalmente gratuita, sin condicionamientos. Merecíamos la muerte; Cristo eligió morir para que nosotros tengamos vida eterna. Merecíamos el infierno; Cristo lo padeció para que hoy tengamos el regalo del cielo. Merecíamos ser declarados culpables; Dios declaró culpable a Jesús para que nosotros escuchemos y leamos una y otra vez “Estás perdonado”.


La familia de Dios

Creados por Dios

Aquellos que creen este evangelio son incorporados por Dios en su iglesia. La persona no se beneficia con el perdón para luego seguir su camino, sino que ahora vive para Dios y es incorporada en su pueblo para que crezca en la fe y sea de bendición para el mundo. La iglesia es una comunidad de personas llamadas por Dios a una relación viva con él (vida de fe) mediante la Palabra y los Sacramentos. A través de estos medios Dios le dice a esta comunidad quién es él, lo que ha hecho y posee, y lo que ha hecho por ella a través de Jesucristo. Así, todos so afirmados en la seguridad de la salvación, perdonados cuando pecan, edificados y capacitados. Están listos para ser enviados por Dios como su pueblo en cualquier cosa que hagan, de forma tal que siempre reflejen al Cristo que vino a servir y salvar al ser humano perdido


La tarea de la Iglesia

Por esta obra de Cristo Dios declaró a la humanidad libre de la culpa del pecado. Este acto es conocido con el término justificación. Es una declaración legal del perdón de los pecados, fruto de la única y exclusiva obra de Cristo regalada como obra acabada y perfecta a cada persona. “En Cristo, Dios estaba reconciliando consigo mismo al mundo, sin tomar en cuenta los pecados de los hombres” (2 Corintios 5.19). El perdón que se ofrece en esta declaración divina se torna de la persona mediante la fe en la obra de Cristo. Esta fe es regalo y obra de Dios en nosotros, y es el medio para apropiarnos todo aquello que Dios ha conseguido para nuestra salvación y nuestra vida en unión con él. Así podemos estar seguros que cuando él nos dice “no te echo la culpa por tus pecados, ya se la eché a Cristo”; no nos está hablando de una expresión de deseo sino de algo que en realidad ocurre.


El Evangelio Visible

Santa Cena

Este evangelio de Dios está disponible también en forma “visible”, es decir, ligado a elementos visibles y tangibles. Se trata de los sacramentos del bautismo y la Santa Cena o eucaristía. Estos sacramentos son actos sagrados ordenados por Dios y por medio de los cuales también trata con nosotros. Enseñamos que el bautismo es el evangelio de Dios en unión con el agua. No es un acto en el que el hombre se compromete con Dios, sino que es un pacto que Dios establece con nosotros, por el cual somos adoptados como sus hijos. El bautismo es un medio de salvación (1 Pedro 3.21). “Somos bautizados para perdón de los pecados” (Hechos 2.38). En el bautismo quedamos ligados a Cristo y a lo que logró para nosotros (Gálatas 3.27), como también al Espíritu Santo (Hechos 2.38). Por el bautismo somos incorporados en el cuerpo de Cristo, la iglesia (1 Corintios 12.13). La Cena del Señor es una comida especial en la cual el cuerpo y la sangra de Cristo están verdaderamente presentes en, con y bajo el pan y el vino; y son distribuidos para el perdón de los pecados y la fortaleza de la fe. En la Santa Cena estamos recibiendo el cuerpo y la sangre de Cristo como un sello, una garantía del perdón de los pecados que él nos promete. Justamente estamos recibiendo aquello con lo cual él ganó este tesoro para nosotros. A raíz de esto, enseñamos que la Cena del Señor es para aquellos que se reconocen pecadores y, por lo tanto, necesitan de este evangelio puro. El participar de esta comida especial pone de manifiesto nuestra comunión con los demás miembros de la iglesia, ya que todos participamos, comulgamos de lo mismo. A su vez, esta comunión se fortalece.


La carta de Dios

¿Cómo hemos llegado a conocer todo esto que hemos visto hasta aquí? La respuesta es simple y maravillosa a la vez: Dios se dio a conocer y se comunicó con el hombre de manera que éste pudiera entender. Lo hizo a través de su Palabra (la Biblia) y de los sacramentos (el Bautismo y la Santa Cena). La Biblia es la palabra escrita de Dios para el hombre. Por medio de su Palabra, Dios se presenta al hombre para revelarle su juicio sobre el pecado, pero también su gracia y amor. Se presenta mediante su Palabra para producir la fe en Jesucristo. Así es este vehículo que conocemos con el nombre de “La Biblia”: un libro con un poder y propósitos singulares. La Biblia es la palabra de Dios escrita por hombres inspirados por él. La inspiración fue un milagroso proceso mediante el cual el Espíritu Santo “incitó” y “dirigió” a los escritores de los libros de la Biblia. Esta inspiración no desechó ni la personalidad ni la capacidad y conocimiento de los escritores humanos. Las dos caras de esta Palabra de Dios son la ley y el evangelio. Ambos son Palabra de Dios y deben enseñarse durante todos los tiempos; pero a la vez son fundamentalmente diferentes:

  • La ley nos muestra lo que debemos hacer. Se centra en nuestras obras. Requiere obediencia perfecta. Nunca perdona sino que condena.
  • El evangelio nos muestra lo que Dios hizo y hace por nosotros en Cristo. Se centra en la obra de Dios. No demanda nada, sino que ofrece la gracia de Dios. Perdona, redime, justifica y da la paz y vida eterna.


Una vida saludable

De esta manera Dios inunda nuestras vidas con su misericordia y perdón. Esto hace de nosotros siempre nuevas criaturas, capacitadas para servir, para abundar en buenas acciones, para beneficiar a nuestro prójimo, para hacer discípulos, para vivir una vida santa, de lucha contra el pecado. Esta vida de santificación siempre es fruto y consecuencia de la fe. Es la transformación de la vida de aquellos que entran en relación con Dios: el corazón es renovado y ya no es enemigo de Dios. Ya no obedece voluntariamente a las malas inclinaciones de su naturaleza sino que lucha por dominarlas; es movido al arrepentimiento y es colmado con el perdón. Este cambio de corazón se manifiesta en una vida de servicio a Dios y al prójimo. No servimos a Dios para ganarnos su amistad, sino para demostrarle nuestra gratitud. Martín Lutero escribió: “Esto sucede cuando obedezco los mandamientos de la ley voluntariamente, no por obligación ni para ganarme el cielo con eso; cuando actúo movido solamente por la fe, la cual me basta para ser salvo y bienaventurado. Y aunque la ley no me mandara, igual haría con alegría y de buena gana las obras que ella manda hacer”.


Resurrección y Vida Eterna

Mientras tanto, como iglesia esperamos el día en que nuestro Señor Jesucristo regrese en gloria. Ese día, todos los muertos volverán a la vida, resucitarán, y todas las personas serán juzgadas. Al confrontar a los cristianos, Jesús hará una declaración pública de una relación que existió con él en esta vida (Romanos 8.1). Por esa relación de fe en él podemos enfrentar el juicio de Dios con tranquilidad, ya que nuestros pecados fueron perdonados. Cristo vendrá no como juez sino como nuestro amigo íntimo. “Cristo ha sido ofrecido en sacrificio una sola vez para quitar los pecados del muchos. Después aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan” (Hebreos 9.28). A los que no le pidieron perdón a Dios les aguarda el infierno, el sufrimiento eterno y la desvinculación definitiva de Dios y de sus bendiciones. Nuestro cuerpo resucitado (o transformado, si aún vivimos cuando Jesús regrese) será en alguna forma similar a nuestro cuerpo actual, pero adaptado para el mundo eterno. Nuestros cuerpos serán incorruptibles, libres de toda huella y consecuencias del pecado. Así viviremos para siempre en la presencia de Dios, disfrutando del cielo que ya nos regaló. A él sea la gloria.


Lecturas Recomendadas


DOMINGO 06 DE JUNIO
Gén. 3:8-15
Salmo 130
2 Cor. 4:13-5:1
San Marcos 3:20-35



DOMINGO 13 DE JUNIO
Ezequiel 17:22-24
Salmo 1
2 Cor. 5:1-10 o 5:11-17
San Marcos 4:26-34



DOMINGO 20 DE JUNIO
Job 38:1-11
Salmo 124
2 Cor. 6:1-13
San Marcos 4:35-41



DOOMINGO 27 DE JUNIO
Lam. 3:22-33
Salmo 30
2 Cor. 8:1-9, 13:15
San Marcos 5:21-43



DOMINGO 04 DE JULIO
Eze. 2:1-5
Salmo 123
2 Cor. 12:1-10
San Marcos 6:1-13



DOMINGO 11 DE JULIO
Amos 7:715
Salmo 88:1-7 o 8:13
Efesios 1:3-14
San Marcos 6:14-29



Vídeos anteriores

Coro de la Congregación

El Tamborilero

Diciembre 2020

El coro de la congregación nos presenta este himno

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Culto Virtual

2do. Domingo de Pentecostes

06 de Junio

Culto virtual por Zoom disponible en nuestro canal

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Reflexión de Cuaresma

En el aire con la gente de la Pasión

Contada por sus personajes

Disponible en nuestro canal

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Caballeros "Esteban"

La Liga de Caballeros 'Esteban' está conformada por los caballeros de la congregación como así también nuestros hermanos de la congregación 'La Concordía', nos reunimos el último jueves de cada mes, en este tiempo por medio de ZOOM para compartir un momento de devoción y reflexión acerca de diferentes temáticas de incumbencia.

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Nuevo espacio de reflexión

Agenda

    DOMINGO 20 DE JUNIO
    10:00 Culto Presencial con Incripción previa
    * También podes seguirlo en vivo por youtube


    SABADO 26 DE JUNIO
    17:30 Reunión de Caballeros


    DOMINGO 27 DE JUNIO
    10:00 Culto Presencial con Inscripción previa
    * También podes seguirlo en vivo por youtube

Ofrendas

Para realizar ofrenda mediante transferencia bancaria puede hacerlo a la siguiente cuenta:

Cuenta Número: 5155-511345/8
CUIL/CUIT: 27-06071775-9
CBU: 0140051903515551134584
CBU ALIAS: MANI.LOBO.ALPACA

Puede comunicarse con el tesorero: Sr. Gabriel Castillo gabcastillo@ymail.com